01.12.2002    Umoya

As religiões em África: Convivência e colaboração
Francisco Carrera

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Desde el punto de vista religioso, el continente africano presenta una rica variedad que refleja tanto el profundo espíritu religioso de sus habitantes como la tolerancia con que aceptan y asumen las propuestas religiosas.
La población total de África sobrepasa los 800 millones, que por religiones se distribuyen de la manera siguiente: 316 millones son musulmanes, más de la mitad de ellos en los países árabes del norte del continente; 256 millones son cristianos, de los que algo más de 124 millones son católicos; alrededor de 200 millones son seguidores de las Religiones Tradicionales Africanas; el resto se reparte entre las llamadas Iglesias Independientes o de origen africano, muchas de ellas desgajadas de las iglesias cristianas históricas, y las numerosas sectas de corte fundamentalista que surgen constantemente, especialmente en las ciudades.
Tal diversidad de afiliación religiosa puede ser vista como un cóctel explosivo, siempre a punto de estallar y crear caos. Así se han querido interpretar los frecuentes enfrentamientos entre musulmanes y cristianos que están teniendo lugar en Nigeria desde que, hace dos años, 13 de sus Estados de mayoría musulmana adoptaron la ley islámica (sharía) o la guerra civil que enfrenta en Sudán desde hace casi veinte años al Norte musulmán y al Sur de mayoría cristiana y ?animista?. Sin embargo, un análisis detenido de la situación en esos dos países muestra que los conflictos tienen un carácter político y económico, aunque se los quiere enmascarar y exacerbar añadiendo motivos religiosos. Por ejemplo, en una situación de aplicación estricta del Islam, los musulmanes estarían obligados a votar a candidatos musulmanes; por lo tanto, en algunos países, Nigeria incluida, existen políticos interesados en fomentar los enfrentamientos entre religiones en beneficio de sus propios intereses.
La realidad es que en casi todo el continente africano las distintas religiones no sólo conviven pacíficamente sino que, además, cada vez es más frecuente la colaboración entre ellas para resolver los problemas que afectan a la población, especialmente en el África subsahariana. La capacidad de convivencia y cooperación incluso entre personas de creencias y puntos de vista distintos está enraizada en el mismo corazón de la cultura tradicional negro-africana.
Respeto y tolerancia
Un aspecto básico del espíritu africano es la creencia de que todos los seres humanos necesitan vivir juntos en paz y armonía. La religión o, mejor, religiones tradicionales del continente han contribuido a consolidar ese principio fundamental mediante la fe en un Ser Supremo, Creador de todas las cosas. Todas las personas proceden de ese Ser Supremo y, por lo tanto, son valiosas y dignas de respeto. Sobre esta visión se estructura una vida social que aprecia por encima de todo las relaciones humanas. Las costumbres y rituales de los distintos pueblos africanos tienen como finalidad celebrar y potenciar la ?humanidad? que todas las personas comparten.
Junto al respeto por cada persona, la cultura tradicional africana pone especial énfasis en virtudes como la tolerancia, la hospitalidad, la paciencia, la capacidad de aceptar y colaborar con los demás... porque son valores que aseguran la armonía social.
La rápida expansión del cristianismo y del Islam en África se ha debido, en gran parte, al sentido religioso, al respeto y a la tolerancia inherentes a la cultura tradicional. Los africanos descubrieron que esas nuevas religiones provenientes del exterior contenían muchos aspectos de las creencias fundamentales (Ser Supremo, culto a los muertos/antepasados, espíritus, etc.) y de los valores (centralidad de la persona, importancia de la comunidad, la caridad y el perdón...) de su propia experiencia religiosa.
En la mayoría de los casos, los africanos subsaharianos convertidos al cristianismo o al Islam no han tenido grandes problemas para vivir la nueva fe en el interior de sus sociedades. El espíritu tradicional de respeto y tolerancia ha permitido preservar el supremo valor de la armonía dentro del grupo a pesar de las diferencias de afiliación religiosa.
En África, la cultura tradicional ha mitigado los efectos de la división existente entre las distintas iglesias cristianas y el antagonismo mutuo entre el cristianismo y el Islam. Con frecuencia, en una misma familia conviven en paz miembros de diversas confesiones cristianas, musulmanes y seguidores de las religiones tradicionales. También sucede a menudo que en momentos críticos para la vida del grupo, como por ejemplo los funerales de una persona, se celebren tanto los ritos cristianos o islámicos como los tradicionales vinculados a los antepasados; en estos casos se actúa en secreto o a espaldas de los líderes de las respectivas iglesias o mezquitas cuando se sabe que éstos no aprueban tales prácticas. Algo parecido sucede a la hora de realizar las ceremonias de iniciación y del matrimonio.

Colaboración

Ese espíritu de tolerancia y de respeto a la dignidad de la persona ha hecho posible que, especialmente en los últimos años, se estén multiplicando en el continente africano las iniciativas de colaboración entre miembros de las distintas religiones para promover el desarrollo, la justicia y la libertad.
En 1998 se constituyó en el norte de Uganda la asociación Iniciativa de paz de los líderes religiosos de la región Acholi (Arlpi en sus siglas inglesas), una de las organizaciones más importantes de la sociedad civil en ese país. La Arlpi reúne a representantes católicos, anglicanos y musulmanes que trabajan juntos para llevar la paz al territorio acholi, asolado por los enfrentamientos entre los guerrilleros del Ejército de Resistencia del Señor (LRA) y el Ejército ugandés. Ese grupo interreligioso también presiona al Gobierno de Kampala para que desmantele los campos de internamiento en los que desde hace más de cinco años tiene confinadas a medio millón de personas de etnia acholi como táctica para evitar un supuesto apoyo a la guerrilla por parte de la población local. Los internados carecen de medios para sobrevivir porque no pueden cultivar sus campos.
Durante el reciente conflicto entre Etiopía y Eritrea los líderes religiosos ortodoxos, católicos, protestantes y musulmanes de ambos países fueron los únicos que, desde el principio, se encontraron cara a cara para mantener un mínimo de diálogo e instar a sus respectivos Gobiernos a firmar un tratado de paz. También coordinaron esfuerzos para atender a los cientos de miles de refugiados que, a ambos lados de la frontera, estaban amenazados por el hambre y la falta de asistencia sanitaria. Aún ahora continúa la colaboración para ayudar a la población a reconstruir sus hogares.
Angola ha vivido ensangrentada desde 1975, año de la independencia de Portugal, por una guerra civil entre el Gobierno y la Unión Nacional para la Independencia de Angola (Unita), movimiento dirigido por Jonas Savimbi hasta su muerte en un enfrentamiento con el Ejército el pasado mes de febrero. La Iglesia católica, las demás confesiones cristianas y miembros de las iglesias tradicionales llevan años uniendo sus esfuerzos para fomentar iniciativas de paz que conduzcan al final definitivo de una guerra que ha causado millones de víctimas entre muertos, mutilados y personas obligadas a huir de sus lugares de origen. Los líderes religiosos de Angola han establecido programas conjuntos para promover entre la población la no violencia, el diálogo, la tolerancia y la educación a la democracia. Esto es particularmente necesario ahora que Gobierno y Unita han firmado un tratado de paz; tras casi treinta años de enfrentamientos y violencia una paz duradera sólo será posible mediante un trabajo colectivo para la reconciliación de los corazones.
En Nigeria, los obispos cristianos y algunos imanes moderados han unido sus voces para rechazar la introducción de la ley islámica (sharía) en 13 Estados de mayoría musulmana del norte del país. La imposición de esa legislación se debe más a intereses étnicos y políticos que a cuestiones religiosas, pero ha servido como detonante para crear un clima de enfrentamiento violento entre jóvenes radicales cristianos y musulmanes, que en los últimos dos años se ha cobrado numerosas víctimas mortales.
Por lo demás, las relaciones entre cristianismo e Islam en Nigeria son generalmente buenas. La mayoría de los seguidores de ambas religiones conviven sin problemas y existen numerosas familias mixtas. Oficialmente los líderes musulmanes y cristianos tienen establecido el Consejo Interreligioso de Nigeria para colaborar unidos por el desarrollo del país. El Consejo, que consta de un organismo federal y de comisiones en los 36 Estados de Nigeria, trabaja para combatir la corrupción y la violencia que casi 40 años de gobiernos militares han convertido en un mal endémico en esa sociedad; también interviene para restaurar la armonía entre ambas comunidades cuando fanáticos de ambos lados, sostenidos por políticos que medran con la división, siembran confusión y resentimiento.
El 85 por ciento de la población de Senegal es musulmana, por eso causó tanto impacto la gran acogida que los responsables de la mayor hermandad islámica dieron a la llamada del Papa Juan Pablo II a la celebración de una jornada de ayuno por la paz el 14 de diciembre del año pasado. El Hadj Oumar Gueye, director del Instituto Islámico de Dakar, alabó la decisión del Papa de hacer coincidir el día de ayuno para los católicos con el final del Ramadán. El líder musulmán calificó la iniciativa como ?prueba de que la comunidad católica, y en primer lugar su cabeza visible, tiene el deseo continuo de mantener el entendimiento y la comprensión recíproca entre las confesiones religiosas?; por eso animó a los musulmanes del país a unirse a los católicos en ese día de ayuno por la paz.
Sérigne Abibou Tall, líder de la tidianiya, la hermandad islámica más importante de Senegal, también recibió con entusiasmo la iniciativa de Juan Pablo II. ?La humanidad se compone de creyentes ?dijo-, la llamada del Papa debe ser acogida por los defensores de la paz. Es el mismo Alá quien le inspiró lanzar la llamada?. A continuación, invitó a todos los musulmanes de buena voluntad a acoger la invitación del Papa y pidió a los imanes que el 14 de diciembre comentaran en todas las mezquitas las intenciones de Juan Pablo II y que rezaran con él y con los cristianos para que retorne la paz a los corazones de los creyentes.
En Senegal, las comunidades cristianas y musulmanas cultivan el entendimiento y la armonía, cosa que facilitan los frecuentes lazos familiares que existen entre sus seguidores. Por ejemplo, en febrero de 1992, durante la visita pastoral del Papa a ese país, los responsables de tidianiya le ofrecieron un macho cabrío y un bubú ?traje tradicional africano- en la catedral de Dakar. Más recientemente, en agosto del 2000, toda la comunidad islámica rindió un homenaje al cardenal Hyacinthe Thiandoum, uno de los máximos artífices de la apertura y el diálogo interreligioso en Senegal.
El continente africano ha comenzado el tercer milenio agobiado por una serie de problemas que mantienen a su sufrida población en la miseria: conflictos armados, millones de refugiados y desplazados, enfermedades como el sida que se ceban especialmente en los más jóvenes, pobreza, expoliación de sus recursos materiales por parte de los países ricos, etc.
Visto el fracaso de los políticos de todas las tendencias ?muchas veces más ocupados en enriquecerse que en buscar soluciones- los africanos se preguntan: ¿quién nos sacará de esta situación de postración y nos pondrá en el camino de la paz y del desarrollo?
La respuesta no es fácil, pero no cabe duda de que la creciente colaboración entre las religiones puede contribuir a unir a los distintos estamentos de la sociedad civil para que trabajen juntos en la promoción de la paz, la justicia y el bienestar en todo el continente.